03 enero 2007

LÍA


Tenía pensado publicar hoy una queja. Todo porque quise cambiar la cara de este blog y el día de Nochevieja me apeteció escribir algo personal. El caso es que después de desflorar mi corazón en unos cuantos párrafos, lamierdalblogeste me dice que si betas y que si leches y cuando quise publicar mi entrada, ni la publica ni la guarda. Todo esto sólo conllevó tristeza y enfurruñamiento. Gran consternación.

Pero vale ya de quejarse y vamos al lío....

¿Se han dado ustedes cuenta de quién es esa chica?. Pues sí, es la protagonista de nuestro relato. Así de lejos, no parece gran cosa, pero cuando te acercas a verla de cerca, te das cuenta de que es mona. Esta pobre chica (llamémosla Lía) estudiaba una carrera de letras que le apasionaba, aunque no le gustaba mucho la modernidad, quizá por eso escogió Historia del Arte, para poder fijarse en el pasado. Ella pensaba que tiempos pasados siempre fueron mejores. Bueno, pensaba eso con respecto a la historia de la Humanidad, porque para su vida aplicaba todo lo contrario, siempre pensaba que lo que estaba por venir sería mejor y su pasado no le gustaba mucho.
Se podría decir que, en este momento, Lía era feliz en su presente, pero justo hoy, se abría un abismo ante ella que tendría que sortear ella sola.

Lía estaba en sus vacaciones de Navidad y había aprovechado para buscarse un trabajillo temporal de promotora para sacarse unos duros y poder pagar la matrícula de la Universidad. Pues bien, el trabajo no era precisamente de "ensueño". Promocionaba perfumes de marcas raras y caras, de diseñadores extraños con nombres rimbombantes y apellidos de toda la vida. A Lía le asqueaba todo eso, aunque había aprendido mucho sobre la raza humana y sobre la vida trabajando allí.

Habían colocado a Lía en un lujoso stand, en medio del centro comercial, rodeada de cajas de regalo rosas y negras, con una chimenea victoriana lacada en blanco y mucho perfume dulzón que embobaba a las chiquillas. El centro comercial estaba en el corazón de la Moraleja y allí el famoseo y la goma estaban a la orden del día. Lía pasaba horas observando aquél ganado, dilucidando la educación que recibían esos niños y los valores que se les inculcaban e intentando descifrar la educación que habían recibido, a su vez, sus padres.
También hay que reconocer que se sorprendió de la simpatía y naturalidad de algunos de estos especímenes, pero no queremos dejar de recalcar que... SE SORPRENDIÓ.

El caso es que ella trabajaba para una tienda cercana al lugar donde le habían dejado a su suerte. Aquella tienda era infernal, todo eran cosméticos de altísimas marcas, fotos de mujeres bellas y... lo peor de todo: compañeras maquilladas hasta los dientes, mariposeando sin parar y pensando en los siguientes temas:

- ¿Me compro el pantalón en Pedro del Hierro o en Fronstrins?.
- ¿Qué perfume le llevo a mi novio?.
- ¿Qué puedo hacer para tener la piel menos grasa?.

Para ellas todo era comprar, comprar y comprar. Tenían complejo de divas, eran altivas, con grandes aires de señoras, maleducadas y muy, pero que muy ignorantes. Laura, perdón, Lía pensaba que eran ignorantes por la escala de valores que les movía a actuar: estaban siempre cansadas de ese trabajo, pero sólo trabajaban para comprarse caprichitos. Lía pensaba que nunca ahorrarían para irse de casa, que no se independezarían, que no podrían pagar la comida, ellas sólo se compraban ropa y perfumes.

Una de las chicas le dijo a Lía que se equivocaba, que sí se irían porque se lo pagaba todo su novio, que ella podía gastarse el sueldo en lo que quisiese. (Lía rezó para que esa chica no se divorciase de su futuro marido y esto le llevó a pensar que no sabría si la dependienta se quedaría en la calle o, por el contrario, le sacaría al noviete hasta el último céntimo).

Uy, ¡habíamos quedado que Lía estaba a punto de enfrentarse a un momento crucial en su vida ella solita!.
Bueno, pues como ya está definido a grandes rasgos el lugar de trabajo (ah, la jefa le tenía manía y muchas chicas el hacían el vacío), vamos a ver cuán profundo era aquél abismo.
Lo cierto es que estoy exagerando porque Lía había salido de alguna que otra cosa peor, pero... de repente se veía trabajando allí, se acercaban los exámenes y todo apuntaba a que iba a ser un mes duro.
Parece algo de lo más normal, y lo es. Bueno, salvo por el detalle de que la persona que Lía más quería en el mundo iba a estar un mes fuera del país y un poquillo incomunicado. Y es que... Lía, en el pasado más inmediato, se había acostumbrado a afrontar las pequeñas crisis de la vida con el apoyo de aquella persona, pero ahora iba a echarle mucho de menos.

Todo está adquiriendo un matiz tremendista, pero nada de eso. Cuando Lía vio que la cuenta atrás se acercaba decidió no ponerse triste y enseñar los dientes. Nadiee iba a amilanarla en el trabajo, lo de estudiar lo tenía chupao y lo de aquella ausencia sólo sería un mes. Pffff, ya veis, total, nada. Anda que no hay gente por el mundo pasandolo mal de verdad.


Pues bien, como os iba diciendo, si te acercabas, en el fondo, era una chica bastante mona...










Continuará...

4 comentarios:

Airos dijo...

Este relato me recuerda que yo de pequeño tuve una pecera.

Laurita dijo...

Las peceras son como los recipientes del mar.

Laurita dijo...

Y otra cosa le voy a decir: las peceras nunca vienen solas.

Laurita dijo...

Uy, se me olvidó contar una cosa de aquella experiencia: Una chica me preguntó que qué estudiaba, le contesté que Historia del Arte y me dijo...¡qué rollo!, ¿no?.

Almenos fue una respuesta diferente al consabido: ¡qué bonito!, ¿y eso para qué sirve?.

Por cierto, Lía está a punto de comenzar los exámenes, los tiene todos en la misma semana, no le han concedido la beca, no tiene dinero para pagar la matrícula,ha tenido que hacer una ampliación de beca y no le quieren dar unos créditos de una asignatura en la que tiene un notable y en la que se tendrá que volveer a matricular. Eso sí, la persona que se fue está a punto de volver, así que lo demás da igual.
(O por lo menos no se ve tan catástrófico).