18 junio 2007

PURO MERCHANDAISING


Esta noche me pongo a escribir esto con el único propósito de tranquilizarme de cara al exámen que tengo mañana. Y es que estoy nerviosa y trémula, cual jovenzuela de instituto de Arkansas a la hora de hacer un mortal para ver si la aceptan en el grupo de animadoras.

En fin, aquí tenemos una estupenda talla de madera policromada, cuyo creador fue Pedro de Mena, y que es una de las joyas del Barroco granadino. El tema es una Magdalena penitente (para quien le guste, no tiene más que pasarse un ratito por el Museo del Prado -no vayais en domingo-). La Magdalena ha decidido aislarse del mundo y dedicarse a una vida eremítica, pasando hambre y penurias, de ahí que su pelo aparezca sucio y vaya vestida únicamente con una saya de esparto.

Hasta aquí todo muy bien, pero... Vamos a ver... Esta mujer apreciaba enormemente a Cristo (ya no me meto en cuestiones danbráunicas, y no diré que si era su mujer, su amante o el jodido Santo Grial con la sangre de Amelie). El caso es que Cristo ha muerto hace relativamente poco tiempo, y aquí tenemos a Magdalena sufre que te sufre. Puedo comprender que en las iglesias coloquen un Cristo crucificado (ya sea vivo o muerto) con las señales de la Pasión, para que todos recordemos que fue un tipo que murió por nosotros y que le debieron doler mucho los azotes que le dieron cuando estaba atado a la columna y bla, bla bla...
De verdad, bajo el punto de vista cristiano, comprendo que debamos recordar ese episodio de la vida de Cristo, pero... El señor Pedro de Mena (excelente escultor) ha decidido colocarle a la Magdalena un crucifijo al que mira con dolor.

¡Esto ya me parece de Campeonato de Linares, oiga!. Vamos a ver, ¿lo que quieren colarme es que se le muere el novio y ella va con una esculturilla, que representa el momento de la muerte del susodicho, por las montañas?.
No me jodan.
Es como si a mí se me muere mi chico electrocutado y me hago un muñequito suyo con los dedos en el enchufe, los pelos de punta y la lengua fuera, a lo Mortadelo. Ay, pobre, con lo que yo le quería. Murió por mi culpa, yo sólo quería secarme el pelo. Lo pondré en la mesilla para recordar siempre lo que hizo por mí.

Hay cosas del cristianismo que los creyentes tienen que tragarse por medio de fe, pero este merchandaising... No hay por dónde cogerlo.

12 comentarios:

Conrado Peláez dijo...

¡Ahí, ahí!

Laurita dijo...

Ea.

César S. dijo...

Pues yo veo esa talla y me tiemblan las piernas. De hecho la vi hace ya muchos años en otro museo y cuando volví a visitarlo más recientemente la busqué por todos los sitios sin encontrar a la Magdalena. Y mira por dónde me acabo de enterar de su ubicación actual y que como vaya a Madrid no pienso irme sin volverla a ver.
Porque no lo sabes, Laurita, pero acabas de producirme un regreso al pasado que aún me está aturdiendo.
Y sí, los católicos tienen un regodeo en el sufrimiento que no me parece nada saludable, pero si ha servido para regalarnos las maravillas de la escultura policromada del Barroco, Gregorio Fernández a la cabeza, me parece que vale la pena.
Disfruta del arte y de su emoción cuando consigue provocarla.
Ah, y mucha suerte para el examen.

Laurita dijo...

Gracias por su deseo de suerte.
La escultura, como ya he dicho es de Pedro de Mena.
No piense usted que la estoy criticando. A mí me encanta esta talla, si no me emocionansen este tipo de cosas, no estudiaría lo que estudio.
Un saludo, y bienvenido.

(Por cierto, ¿dónde la vio usted?).

C.S. dijo...

Lo del usteo me acaba de hundir en la miseria: que la haya visto hace muchos años, quince concretamente, no supone que sea un venerable anciano, digo yo.
El museo me fascinó, pero recuerdo especialmente esta talla por su ubicación, al final casi y en un pequeño espacio donde sólo estaba la Magdalena iluminada por una cálida luz vainilla. Es probable que fuera un préstamo y por ello volvió después al Prado, pero no me cabe duda que el tiempo que estuvo allí se encontró muy bien acompañada...
Y no, no te lo digo por malvada, usted-usted-usted, ni que fuera usted una dependienta del cortaingles...

Laurita dijo...

Lo de usted no hay que tomarselo a mal, hombre. jejeje. Es una costumbre instaurada por el señor Airos y a mí me hace gracia. El "usted" siempre me ha resultado algo cómico cuando se contextualiza, es decir, cuando se usa sin ton ni son.
No había pensado que pudiese parecer una dependienta del Corte Inglés, como mucho una telefonista de Movistar.


(Últimamente me ponen USTEDES a caldo, entre Ashley Judd y dependienta del Corte Inglés. Voy a empezar a entrar en sus blogs a llamarles Matt Damon y vendedor de zapatos del C&A).

C.S. dijo...

A mí es que sólo me llaman de usted las dependientas del cortinglé y no saben que en ese momento justo tomo la decisión de no comprarles nada.
Y usted a estudiar, tol día dándole al internés ese hombre-hombre.
¿suerte o justicia? je, je.

Laurita dijo...

Hombre, el internés es lo que tiene, que estudio gracias a él. Tener que mirar cientos de imágenes de obras de arte para una sola asignatura... Ni teniendo la bilioteca de el Escorial, oiga.

SaNdRa-_-ChaN dijo...

Ah sí, sí, claro, claro, hablar sobre el merchandising de la Magdalena Penitente es mucho menos frikazo q los ballets rusos, no te jode!!! jajajajaja


Anda, hazme el favor de ir al fotolog y ver los vídeos de las danzas polovtsianas, q te vas a caer de espaldas!!!!



Y sí, LO RUSO MOLA!!!!!! jajajaja




Besosssssssssssss

monofurioso dijo...

Oiga, aparte de Ashley Judd la llamé guapa. Que oye lo que le interesa.

Laurita dijo...

Jjaajajaja. Gracias.
(Es que mi naturaleza vergonzosa en estos ámbitos hacen que nunca sepa cómo actuar ante un cumplido, así que en este caso me hice la longuis).

Laurita dijo...

Por cierto, Sandra... ¿Es que no el lo mismo!. Lo de la Magdalena Penitente, ya sabes... Son de esas cosas que me doy cuenta cuando voy en el autobús. Debería crear una sección en este blog que fuese sobre ese tema: "Cosas de las que me doy cuenta yendo en el autobús".
ale, de hecho lo voy a hacer, verás que vergonzoso.