26 julio 2006
Pellado, finalista en los premios Necios
Como todos los años, el grupo que llegara a a alzarse como grupo más necio del año no sólo llenaría la panza gratis y se embolsaría el premio (240€ en vales de comida, sí, sí, sólo se regala comida en TN) sino que además podría jactarse durante un año de contener la formación mejor preparada del Teatro Necio.
Hay que aclarar que el Teatro Necio, tal y como se concibió hace muchos años, trata de promover un teatro tan sencillo como distorsionado. Tan inteligente como idiota. Tan original como vetustamente válido. Recuerdo la primera reunión, en Barcebalejo (Soria), en mi jardín, rodeado de tantas caras desconocidas y a la vez tan feas. Qué feos somos los que hacemos teatro.
Teatro Pellado, un grupo de gente con tanta formación interpretativa que parece haberse pasado y simular la más boyante desactualización, no ha ganado. Competimos como nunca y nos quedamos a las puertas, como siempre.
Jamás podríamos hacerlo mejor así que orgullosos nos sentimos de quedar a la sombra de esos magos del ingenio, de esos dioses de la improvisación, de semejantes proezas derrochadoras de materia gris. Un gran abrazo a los miembros de Blasceta, los cántabros más grotescos comiendo torreznos que jamás pude conocer.
25 julio 2006
Azorada
Y ahora la cosa está peor, y yo quería escribir algo para intentar solucionar, al menos en el terreno de las ideas, esta situación.
Sé que estos dos bandos no se pondrán de acuerdo, son demasiados ataques, demasiada sangre de uno y otro lado.
No es que yo quiera escribir esto intentando "construir un mundo mejor", eso me parece una idea ñoña e infantil (aunque muchas veces los niños tienen más razón que nadie en este tipo de cosas, suelen ver lo lógico y lo fácil).
A lo que voy es a lo siguiente: es posible que no se pueda llegar a ningún acuerdo político o territorial, ni siquiera uno en que cesasen los ataques, pero... ¿No podría haber un acuerdo de no matar seres humanos?.
Ya se sabe que el asesinato es algo ilegal, por supuesto. Pero en las guerras es algo que está ahí, como también lo está en los actos terroristas. ¿No se les podría decir: señores, no se pongan de acuerdo si no quieren, pero dejen de matar?.
Que hablen todo lo que tengan que hablar, que se ataquen, que lo solucionen como puedan o como quieran. Pero cuando la muerte es un aspecto del día a día, carece de sentido. Ya no nos sorprendemos por ello, ya es algo normal. Si quieren llamar la atención, que lo hagan de otra forma. Se podrían evitar muchas tragedias.
Si alguien lee esto pensará que soy una gilipollas, seguramente. ¿Y esta tía?. ¿Una guerra sin muertes?, ¿de qué va?, ¿no sería mejor que no hubiese guerras, directamente?.
Creo que las guerras, no se pueden evitar, hoy en día. Es triste, pero es así. Lo que creo que si se pueden evitar son las muertes. Sólo que...¿con qué amenazas a alguien para prohibir que mate?, ¿con su propia muerte?. Sería la pescadilla que se muerde la cola, además de poner en tela de juicio la ética del que prohíbe.
Entonces...¿cómo?, ¿con algo peor?... A nadie le importa matar, no será castigado. Pero, ¿quiénes somos nosotros para castigar?.
Un filósofo diría que lo ideal sería que cada uno fuese responsable de sus actos, que tuviese unos valores morales y actuase en consecuencia.
Pero ahí estamos, cada uno tiene sus propios valores morales, ¿o estos se pierden en la guerra?. Imagino que en una situación bélica las prioridades cambian. Lo importante es que los tuyos sigan vivos. Y aquí llegamos a una idea interesante.
Si lo importante es que los tuyos sigan vivos... Para un padre, lo importante será que siga viva su familia, pero... para el presidente de un país... Lo importante será que sigan vivos los ciudadanos de ese país, ¿no?. ¿No debería ser esa la prioridad de cualquier presidente a la hora de negociar o de meterse en berenjenales, que los suyos sigan vivos?.
Ahí es donde quiero llegar, se pueden evitar las muertes. Todo es un lío enorme, pero... Se debería intentar seguir vivo, no matar.
11 julio 2006
Tripas
29 mayo 2006
...Y no me contestes
Las madres son seres formidables, pero a veces pueden ser realmente incomprensibles, como los líquidos. Una madre es la persona supuesta para presentar a su hijo al mundo, para sacarlo de sus entrañas y exclamar: “Querido mundo, este es mi hijo, en unos años te lo dejo suelto”. Y son esos años en los que la madre tratará de enseñarle, de darle amor, de darle unos valores. De criarle.
Entonces, ¿por qué está tan extendida la frase: “Y no me contestes”? Estudiando la frasecita, se trata de un “acata, hijo” pero en plan eufemismo. Ahora bien, no creo que sea un buen eufemismo. Que la madre, harta y desesperada, exclame “acata, hijo” me parece mucho más suave que “y no me contestes”.
Diciendo “y no me contestes” no sólo está negando la libertad de expresión al querido chaval. No sólo está desorientándole haciéndole creer que en los diálogos no se ha de responder a una madre. No sólo está dinamitando la tierna comunicación madre-hijo. Está asumiendo que lo que el inexperto infante vaya a decir, sea lo que sea: a) No le interesa lo más mínimo, y b) La va a cagar.
Es muy duro. Eres un niño y desde pequeño ya te están dejando claro que digas lo que digas la vas a cagar. ¡Qué impotencia! No puedes hablar. Te tienes que callar y como se te ocurra abrir la boca vas a sufrir. ¡¿Qué es esto?! Nuestro querido mocoso ya puede querer pedir perdón, o intentar explicarle a su madre sus razones. No puede responder. Su madre ha decidido que tiene la última palabra. Las madres creen que ser personas maduras les confiere infalibilidad. Es terrible. Podríamos argumentar que la madre, en ese momento, se encuentra en estado de máximo agobio. Que está cegada por el enfado, pero eso nunca debería servir como excusa, y mucho menos tratándose de su hijo.
¡Señora, por favor!
¿Una frase? ¿Una frase sin más? No. Un "señora, por favor" es la más brillante demostración de la impotencia. Un quejido de frustración ante el más absoluto atropello. Este atropello es el de las mujeres haciendo uso del arma más poderosa de la sociedad: ser UNA SEÑORA.
Desde este humilde reducto de nuestra civilización, nos disponemos a hacer acopio de todos los atropellos que continuamente nos invaden.
Porque la pregunta que se nos viene a la mente a diario empieza a horadarnos la cabeza: ¿Qué necesidad había, cojones?
